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HISTORIA
DE ESTUDIANTES DE LA PLATA
Corría
el mes de agosto de 1905 cuando la fantástica historia de
Estudiantes de La Plata comenzó a escribirse. Una historia que,
con el paso de los años, transitaría por los máximos logros a
los que una entidad de fútbol pudiera aspirar. Porque Estudiantes
de La Plata fue desde su nacimiento mismo, un club básicamente
dedicado al fútbol, deporte que encontró en esa camiseta blanca
y punzó la vestimenta ideal. Una historia que, en definitiva,
merece ser contada.
Por aquel entonces, el fútbol ya era un deporte que despertaba
ardientes pasiones en la tierra de los argentinos, era el deporte
de los "gringos", según la óptica de quienes pretendían
convertir a la esgrima y a otros juegos de salón en una corriente
nacional.
Ya desde hacía un par de años, se habían hecho celebres los
nombres de los equipistas de un colegio llamado "English High
School", sucesivo ganador de todos os torneos organizados en
las ligas intercolegiales de Buenos Aires.
Al egresar del colegio, todos sus jugadores siguieron jugando con
el nombre de Alumni, militando en la ya creada Asociación
Argentina de Fútbol, ganando partido tras partido a los equipos
tales como Lomas, Athletic, Quilmes Athletic, Belgrano y Lobos, a
los que luego se sumarían San Isidro, Porteño, Reformer,
Barracas, San Martín, Nacional y Argentinos de Quilmes.
El desprendimiento
Existía ya en nuestra ciudad un club que, entre otros deportes,
practicaba también el fútbol. Su nombre era Gimnasia y Esgrima
La Plata.
También anotado en la Asociación de Fútbol, aquel equipo mantenía
una formación de categoría tercera y otro en menores, y tenía
su campo ubicado en las calles 1, 115, 47 y 48. Y quienes
integraban esos equipos, eran fervientes seguidores del que ya era
el más popular de los deportes, el fútbol.
Claro que, en ese club, se le daba mayor preponderancia a los
deportes de salón. Para colmo, y a poco de andar, perdió su
campo de 1 y 47. Uno de los integrantes de aquel desilusionado
equipo era Tomás I. Shedden.
La fundación
Y fue así, la noche del 4 de agosto de 1905 que nació al mundo
Estudiantes de La Plata. En una zapatería de la calle 7 entre 57
y 58, frente al número 1228, propiedad de don Félix Díaz, que
respondía al nombre de zapatería "Nueva York",
sentados sobre sillas, cajones, bancos, y hasta en el mostrador,
acompañaron a Tomás Ismael Shendden, un montón de personas
donde quedó establecido que: "A moción de varios de los
comparecientes, y previa discusión, se resuelve, por una nimidad,
lo siguiente: dar por constituida esta Asociación bajo el rubro
de Club Atlético "Estudiantes". Con esta moción que
consta en las actas fundacionales de la institución, culminó la
reunión que, de acuerdo a las crónicas de la época, había
llamado notablemente la atención de los vecinos de aquella
zapatería, donde fuera de las horas de comercio, se habían
congregado esas veinte personas, la mayoría conocidos
universitarios de la zona, en horario desusado y a puertas
cerradas. Así nacía Estudiantes, con todo el entusiasmo y el
fervor de los amantes del fútbol y adoptando este nombre como
consecuencia lógica de la condición de estudiantes de todos sus
fundadores.
Hacia el glorioso estadio de 1 y 57
Los primeros escarceos de la campaña futbolística albirroja eran
acompañados por ingentes esfuerzos en procura de poner un campo
de juego que fuera aceptado por la Asociación de Fútbol
Argentino. Y las gestiones emprendidas por el presidente Gutierrez
rindieron sus frutos al lograr finalmente que el gobierno de la
provincia de Buenos Aires cediera unas tierras en el Bosque, más
precisamente las que ocupara el viejo velódromo, en la esquina de
1 y 57, cuna desde entonces de tantos y gratos recuerdos para el
alma estudiantil.
El estadio lleva el nombre de Luis Jorge Hirschi, en honor de quién
fue presidente del club entre 1927 y 1932. Tenía en su origen una
capacidad para 28 mil espectadores, y la mayor parte de las
estructuras de sus tribunas y plateas es de madera. Se inauguró
el 25 de diciembre de 1907. Hubo fiesta pero no partido.
El primer título grande
Tras aquel ascenso a primera división, la categoría máxima del
fútbol argentino alcanzada apenas a los cinco años de haber sido
fundado el club, todo marcaba que se estaba en el camino del éxito,
aunque aquel primer triunfo grande logrado en Avellaneda ante
Independiente y por goleada 3 a 0 no sería el único. Y es que el
ansiado logro permitió un rápido y firme crecimiento de la noble
institución, alcanzando una solvencia que posibilitaría a sus
activos dirigentes encauzar y desarrollar muchos de los proyectos
iniciales.
Y tanto fue así, que a tan sólo dos años de aquel ansiado
ascenso, el equipo albirrojo reafirmaría en forma concluyente sus
virtudes y su supremacía en el concierto privilegiado del fútbol
nacional. Porque en aquel año de 1913 el primer equipo de
Estudiantes de La Plata alcanzaría el título de campeón de
primera división, brindando una enorme satisfacción a todos os
integrantes de aquella gran familia en la que ya se había
convertido Estudiantes, y ofreciéndole a su ciudad, La Plata, el
primer título de tan grande importancia, logro alcanzado tras una
campaña brillantísima, como lo marca el hecho de haber llegado
al fin del certamen como puntero absoluto, aventajando a sus más
inmediatos perseguidores, Argentinos de Quilmes y Gimnasia y
Esgrima de Buenos Aires, por cinco puntos en la clasificación
final.
Fue aquel, sin duda, un notable triunfo para un extraordinario
campeón, a cuyo influjo vibraba toda la afición deportiva
platense, que en el corto lapso de dos años había alcanzado las
máximas aspiraciones que pudiera pretender un equipo de fútbol.
Una fecha que fue historia
En la noche de Manchester, Inglaterra, el viejo estadio de Old
Trafford era una caldera. En la tarde de La Plata, Argentina, toda
la expectativa a punto. Ese miércoles no hubo en La Plata clases
ni en las escuelas primarias ni secundarias. En los colegios y en
las oficinas sólo había radios que traían el lejano relato de
José María Muños. Se esperaba tanto de aquel grupo de muchachos
que iban por la máxima hazaña. Era nada más ni nada menos que
la final del mundo. Y en ella estaba Estudiantes de La Plata.
En el partido de ida jugado a cancha llena en la bombonera xeneise,
había ganado Estudiantes con gol de cabeza anotado por Marcos
Conigliaro. Los expertos decían que era demasiado poco, que no
alcanzaría para la temible revancha de Inglaterra, donde nunca
jamás un equipo extranjero había dado la vuelta olímpica. Si
hasta los ingleses festejaron aquella mínima derrota como si
fuera un triunfo.
Los únicos que se tenían fe eran aquellos bravísimos leones
pinchas. "Hasta ahora vamos ganando nosotros y queremos ver
como nos ganan ellos", era la respuesta de Zubeldía y los
suyos. Pero pocos le daban crédito. En frente estaría la cátedra
del fútbol, el mejor equipo de Europa. Las estrellas que iban
ganado el campeonato mundial de selecciones de 1966 en Londres
eran los favoritos. Pero los criollos de La Plata le demostrarán
al mundo quienes eran ellos. Salieron 20 minutos antes a la cancha,
lo recibieron al grito de "animals, animals", los
escupieron y los insultaron. Y les prometieron una goleada histórica.
Pero nada sabían de las atajadas del "flaco" Poletti ni
de la bravura del "negro" Aguirre Suárez, ni de la
frialdad impasible del "narigón" Bilardo, ni de la
categoría del "tordo" Madero, ni de las genialidades de
la "bruja" Verón.
Pasaron seis minutos y la pelota la tenían los de Estudiantes,
pasó un minuto más y la pelota la tuvo servida Madero para
ejecutar un tiro libre. Laboratorio y pizarrón, zurdazo con comba
al segundo palo, frentazo de Verón. Gol, golazo.
Los ingleses no entendían, ni los iracundos espectadores, ni los
jugadores. Ganaba Estudiantes en el Old Trafford, en la caldera
del diablo.
El aluvión de los británicos pareció, a partir de allí,
incontenible, pero que bravura la del tucumano Medina, que
despliegue del 'Pacha", que corazón de Togneri. "Cacho"
Malvernát la devolvía una y otra vez, Aguirre Suárez era una
pared levantada en el fondo.
Comenzó el segundo tiempo
El "Flaco" Poletti comenzaba a atajar hasta lo
inatajable.
Los ingleses no podían llegar, el tiempo y la copa se les iba.
Los indios, vestidos de blanco se estaban llevando la gloria.
Faltando sólo un minuto (aunque los 45 ya habían pasado en todos
los relojes menos en el del árbitro yugoslavo), Zecevic hizo
seguir un off side vergonzoso para que Morgan pudiera empatar.
Pero no podía hacerse nada más por los ingleses. El tiempo se
les fue.
Estudiantes campeón del mundo
Champions of the World, decían los altos parlantes.
Muñoz gritaba ¡Quién me pegó!. Fue una hazaña, la máxima. En
Inglaterra un grupo de Argentinos lloraban de emoción, y en el
mundo no hubo una ciudad tan feliz como La Plata.
Estudiantes campeón del mundo. Quedó en la historia.
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